Asesinatos en la abadia -1-

Ha sido una viaje duro. El trayecto desde Guatemala no es el mejor que recuerdo, pero supongo que vivir ocho meses en la selva no te hacen ser quisquillosa por dos o tres turbulencias. La anciana que estaba a mi lado no debe pensar lo mismo, ya que durante todo el viaje, no ha dejado ni un momento de agarrar con fuerza el rosario entrelazado en sus dedos. La cantinela de no se que cantidad de ave marias, tampoco parecia tranquilizarla mucho.

Hace unas semanas recibí una carta de John pidiéndome ayuda. No podia negarme, sobretodo después de lo que pasó en nuestro último encuentro. Creo que si me escribe una carta como la que me habia escrito, es que está metido en algo gordo, algo gordo de verdad.

Al bajar del avión ya me estaba esperando, me ayuda con las maletas y nos dirigimos a su choche. La ventisca parece que nos va a dificulatar bastante el viaje hasta el pueblo. Durante el trayecto nos ponemos al dia sobre nuestras vidas, él me sorprende con que por fin tiene una relación mas o menos estable, hace un tiempo que sale con una enfermera del pueblo llamada Anne. Supongo que esta relación se la está tomando un poco mas en serio, aunque en su defensa, siempre ha estado con chicas extrañas y no me extrana que ninguna funcionara, no es fácil soportar el tipo de vida de John.

Me habla de su carta y sobre los asesinatos que estan ocurriendo en la abadia. No tiene mucha información supongo que mañana nos tocará investigar mas a fondo sobre el terreno. Lo que no acabo de entender es porque me necesita, supongo que hay algo que no me ha explicado todavia.

Transcurre el tiempo y la noche va cayendo sobre los campos, no recordaba lo apacible que era la nieve, me relaja.

De pronto, John da un volantazo, por poco nos vamos a la cuneta y nos adelanta a toda velocidad un coche con cuatro hombres en su interior. Me parece que todos son muy grandes y con cortes de pelo muy corto, estilo militar. Maldita sea, sólo he podido ver sus nucas, lástima, si me los encontrara algun día les diria cuatro cosas a estos locos de la carretera.

Por suerte no tardamos en llegar al Hospital provincial, que es donde trabaja Anne, a ver si nos vamos ya a casa de John. Sólo tengo ganas de cambiarme y sobretodo de un buen baño.

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