Asesinatos en la abadia -2-

Al llegar al aparcamiento del hospital nos damos cuenta que hay una cantidad de coches algo inusual y más a estas horas, el aparcamiento está casi lleno. Parece que en el hospital tienen alguna falta de suministro eléctrico por la ventisca, hay zonas sin luz.

John se dirije hacia recepción para preguntar por Anne. Vuelve y nos dirigimos hacia urgencias que es donde le han dicho que está. Al entrar en la sala, todo es un auténtico caos, esta claro que hay algún brote de gripe o algo así, esto no me creo que sea muy normal.

Entramos en la sala y me sorprende que nadie nos corte el paso, supongo que al ser un hospital de pueblo no hay tanta seguridad como en los de las capitales, porque hemos podido entrar sin ningún problema. No comento nada, no sea que se vayan a ofender.

John ve a Anne y es el siempre incómodo momento de las presentaciones. Creo que al paciente que estaba atendiendo a muerto, ya que tiene la mirada fija en el techo y parece no respirar, es un hombre de mediana edad sin nada remarcable, supongo que su familia no pensará lo mismo, pero la vida es injusta que le vamos ha hacer. En ese momento llega una doctora que comenta a con Anne la procedencia del paciente para que lo anote en el informe, se ve que trabajaba en unas obras de restauración de la cercana abadia, pero una herida de bala no es una lesión muy usual en una obra… Algo me da mala espina.

Nos vamos hacia recepción para que Anne se pueda ir a cambiar, ya que lleva toda la bata ensangrentada, prefiero el polvo de las excavaciones mil veces. Mientras esperamos John me comenta que tiene una corazonada en lo referente al coche que nos ha adelantado muy alocadamente, y ahora que ya no nieva quiere salir a ver si está en el recinto mientras que baja Anne, ya que puede tardar unos veinte minutos en ducharse.

Le digo que ya me quedo yo esperando, no me importa, pero al rato ¡escucho un disparo en el exterior! Salgo corriendo y lo único que puedo distinguir en la noche es una silueta entre los coches. Me acerco siguilosamente, parece que es de un hombre grande, pero no distingo si es John ¡mierda! Los pasos en la nieve, aunque sigilosos me delatan y la gran sombra desaparece entre los coches. Joder, joder, joder… más disparos, esto se empieza a poner feo.

De un salto me escondo encogida entre los coches y busco intuitivamente mis kukris ¡Maldita sea! Estan entre mi equipaje y allí es donde dejé todas mis armas, no creí que las iba a necesitar en un hospital. Poco a poco, me muevo en direccion al coche.

En cuclillas  me voy acercando, una vez en frente del maletero ¡mierda! Más problemas: no tengo llaves. Busco entre los bolsillos algún elemento que me pueda servir, suena a tópico pero por suerte fuerzo la cerradura fácilmente con una horquilla, el trabajo de campo te da todo tipo de aptitudes. ¡Por fin consigo mi equipo!

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